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viernes, 18 de noviembre de 2016

¿Cómo me siento?

           No hay aprendizaje sin emoción.
           Son muchas las emociones que sentimos al cabo del día y reconocerlas puede solucionarnos algunos problemas en la vida.

          No pasa nada si nos enfadamos, solo hay que saber reconocerlo y aprender a canalizar nuestra respuesta. Nos podemos sentir tristes, tanto hasta llorar por ello, pero no pasa nada.

          Hoy les he regalado una pinza a cada uno/a y les he preguntado si creían que podía ser más bonita a lo que han respondido que sí. Si le pintaran corazones, flores... así que les he dado los rotuladores y las han decorado a su gusto. He escrito su nombre en cada una.

         Les he presentado mis caritas y tenían que adivinar cómo me sentía cuando me las ponía en la cara. Les he preguntado cuándo se sentían ellos/as así para hacerlas suyas.

         Las hemos colgado y le hemos pegado nuestra foto a cada pinza para asegurarnos cuál era la de cada uno/a.
         Nos hemos asignado una carita según nos sentíamos en ese momento.



Casi siempre nos dicen que no debemos llorar y es que a nadie le gusta ver a nadie en ese estado y hacemos lo posible por evitarlo. Pero es lo que sentimos y no pasa nada por expresar nuestros sentimientos. Aunque nos ha costado poner la pinza en la carita llorona sin sentirnos mal por ello, lo mejor ha sido cuando ha pasado un ratito y ha venido a decirme: Seño ahora estoy contenta.


   

viernes, 4 de marzo de 2016

Día Blanco, para Sentir

           
     Metiditos en el Proyecto de los Restaurantes y día de La Paz y la No Violencia, conocido por su color blanco... La mañana entre otras cosas la hemos dedicado a manipular, sentir, emocionarnos e investigar con alimentos blancos. Idea compartida por Blanca en su Proyecto de Anaya.

     La mamá delegada nos ha traído harina, azúcar, pan rayado, sal gorda y fina. Nosotros hemos traído las ganas de tocar, oler y probar.

     He organizado diferentes zonas a las que podían acudir el tiempo que quisieran y cuando les apeteciera, siempre que hubiera plazas libres.

     En una mesa plastificada teníamos harina. Consigna: hacer lo que queráis sin tirarla al suelo ni a los compañeros Cara sonriente con ojos risueños



Sin yo decirles nada han cogido rodillos, han hecho montañas, han dibujado, manoseado, representado, una vez ellos blancos, que tenían frío, que eran papá Noel, que eran Elsa de Frozen...

   

     En la mesa del artista con pegamento hacían un dibujo y después le echaban pan rayado.

   En la asamblea tenían dos caminos: uno con sal gruesa y otro con azúcar. Descalzos tenían que averiguar qué camino sentían más finito.



      Explicándolo ha sido un caos porque casi no me dejaban ni hablar.
     - Tenemos que quitarnos los zapatos...
(Locura)
     - Nos quitaremos los calcetines...

(Mi madre no me deja, yo llevo leotardos, no puedo,se me van a ver las braguitas, mi madre no me deja, bueno no se lo digo...)


    Una vez metidos en el asunto, con granitos de sal y azúcar entre los dedos de los pies como gominolas. Y ni con la mano, ni con papel, ni con toallitas se iba... No paraban de reír diciendo: mi madre me va a matar, jajajaja



     En la mesa de la seño tocaba experimentar. El maestro Fran me ha dicho que ha leído que con una medida de sal, otra de harina y otra de agua, salía algo parecido a la plastilina. Así es que les he puesto agua, harina y sal y a ver si eran capaces de conseguir hacer masa.







    Lucía disfrutando a más no poder, se dio cuenta que no fue descalza a pisar la sal. Y es que cuando algo nos gusta perdemos la noción del tiempo.






"Oh, oh oh, soy papá Noel y traigo muchos regalos para todos"





Isabel, mientras yo barría, aprovechaba los últimos montoncitos para dibujar.

Marcos me preguntaba si mañana lo podíamos repetir.

Y yo me voy a mi casa feliz.

martes, 27 de octubre de 2015

Emocionada por aparecer en el Proyecto "Emociones" de Blanca Aguilar

Si eres maestra/o de Educación Infantil y trabajas por Proyectos o lo intentas en la provincia de Jaén, seguro que conoces a Blanca Aguilar o sus Proyectos publicados por Anaya.

Cuando aprobé las oposiciones en el 2005 fue quien me inició en este mundillo de "salmones a contracorriente" como dice César Bona. 

A ella le debo mi esencia de maestra: nuestros rincones, mis soportes, cómo guío nuestros Proyectos, mi mirada hacia ellos/as, el gusto por enseñar las verdaderas matemáticas, mis escuchas y mis silencios. 

Ella es nuestra madre, porque no soy hija única. Ellas saben quiénes son mis hermanas de la escuela: las que se ponen nerviosas el día de antes de comenzar un Proyecto o cuando programamos una actividad de las de "chillar", las que son maestras de corazón, por vocación y por hobbie. Las que nunca desconectan, ni en vacaciones, ni a altas horas de la noche. Las que siempre tienen algún libro que leer y compartir porque demuestra que vamos por buen camino. Las que se indignan, pero nunca pierden la fé.

Hace un tiempo decidió compartir con el mundo sus Proyectos para que sirvan a muchos/as maestros/as y más alumnos/as a vivir aventuras, no las suyas, sino otras nuevas, como dice ella, dejando que pasen cosas en nuestras clases. Para que este virus pedagógico cada vez sea más fácil de contagiar. 

Hace dos años José Miguel, Ilde y yo hicimos el Proyecto de "Las Emociones" y me encantó compartirlo en el blog y con Blanca, sobre todo cuando me dijo que publicaría un Proyecto de Emociones.

         

Hoy me siento muy orgullosa al ver en la Historia Pedagógica de Emociones de Anaya, a mis alumnos/as, sabiendo que viajarán por muchos colegios mostrando a otros niños/as lo que disfrutaron estudiando sus emociones y las de los demás.


Y aparecer en los agradecimientos del final ya es... un premio para mí.


Gracias Blanca.

Fiesta del Pijama

       Cuando dejas que en tu clase pasen cosas que los/las niños/as proponen, todo puede pasar. 

       Hace un par de semanas, Marcos llegó a clase con unas invitaciones para una fiesta del pijama en su casa. Me pidió permiso para repartirlas en la asamblea, a lo que yo accedí encantada (¡¡un texto real escrito por él!!) pero el problema vino cuando nos dimos cuenta que no había invitaciones para todos... (¡bien! trabajaremos la empatía, los sentimientos propios, de los demás, inteligencia interpersonal...)

      Después de un rato de charla sobre cómo se sentían los que no estaban invitados y cómo podíamos remediarlo, surgió la idea de hacer una fiesta del pijama en clase, a la que todos podríamos asistir. Pensé que sería una buena oportunidad para trabajar la autonomía personal, una parte muy importante que debemos trabajar en Educación Infantil. 

          Pero cuando comenzamos a escribir en la pizarra una lista de las cosas que necesitaríamos para traer el día de la fiesta, me di cuenta que esta propuesta nos llevaría mucho más lejos y trabajaríamos muchos más contenidos que nos marca la normativa.

           Entre todos creamos una lista consensuada de objetos que no podrían faltar, como el saco de dormir, o mantita o edredón pequeño, una almohada pequeña o cojín, una LINTERNA!! Cuando escuché la propuesta, me alegré al pensar que íbamos a tener también ¡ciencia! íbamos a vestirnos, desvestirnos, ayudarnos, tendríamos juego simbólico... e investigaríamos con luces y sombras, con todo lo que conlleva la magia de las linternas.

            Por supuesto, no olvidaron la comida, el agua... pero fueron más allá. Propusieron traer un cuento. La lectura, la escucha, la expresión oral, la imaginación, estarían aseguradas. Y si cada uno se traía uno, compartiríamos nuestros tesoros.
              
           Cuando una dijo que quería traerse su peluche para dormir por si le daba miedo, pensé ¡genial, tendremos inteligencia emocional! Así pues, apuntamos en nuestra lista: "peluches quita miedos"

             Continuamente alguno decía de fondo que quería traerse, la tablet, la play, la psp, la nintendo... y no sabía cómo frenar esa idea, así que guardé silencio.

            Era una idea tan fantástica que quisimos compartir con la clase de enfrente, así que fuimos a contárselo. Volvimos a hacer una lista enriquecida con las propuestas de nuestros vecinos y casualmente salió de nuevo los vídeo juegos, que el maestro rápidamente solucionó que a eso sólo pueden jugar uno o dos... lo mejoramos con juegos de mesa en los que pudieran jugar varios.

            Sin haberlo planificado, teníamos un día programado por ellos con Rincones: juegos de mesa, cuentos, linternas y cojines con sacos.

            Pero nos faltaba el día. Habíamos concretado una cita con la alcaldesa esa misma semana... Miramos el calendario y decían que al día siguiente, pero nos dimos cuenta que era sábado, por lo que rápidamente Álvaro movió el dedo hacia el lunes. Ese sería el día. (El calendario sólo tenía escritos los números de los días que habían pasado) Pasando el dedo por encima del fin de semana, dijo el ¡19! También tuvimos matemáticas. Cada día calculábamos cuántos días nos quedaban.

            Por supuesto, tuvimos que escribir una carta a las familias informándoles de lo que nos traíamos entre manos, con una lista de lo que no podríamos olvidar, comenzando por el pijama.

            Cuando aquel día llegué a la fila, la ilusión se reflejaba en sus caras. Estaba emocionada hasta yo, me hubiera encantado vivir aquello de niña. Llegaron con sus maletillas, mochilas, sacos enrollados y muchas ganas de venir al cole, algo que importa y muuuuucho.

             Costó aclararnos entre tanta emoción, tantas ganas de compartir, de enseñar lo que traíamos, de empezar la experiencia. Así que escribimos por orden qué cosas queríamos hacer.


Me piden ir a ponerse el pijama al servicio, cada uno/a al suyo. 
Comprobé lo autónomos que eran algunos/as, los/las que necesitaban ayuda hasta para ponerse unas zapatillas con velcro, lo "madres" que son algunas, ayudando a quien lo necesitaba, los/las que son ordenados, los/las que no tienen costumbre de recoger sus cosas y se dejaban la ropa tirada en el baño... Pero lo mejor, era que todos/as se esforzaban por ser independientes, allí no estaban nuestros padres para solucionarnos los problemas que nos podemos encontrar a diario.


Lo primero que hicieron al entrar en clase fue apagar las luces para probar sus linternas, así que jugar con ellas estaba en el 2º puesto. 


A mi pregunta de cómo se hacen las sombras, Juan nos lo contó y todos probaron.



Hicimos entre todos la sombra de algunos compis.


Sombras en movimiento.


Figuras.


Sombras de los equipos.



¿Qué tenemos que hacer para que las sombras sean más grandes?



Vemos las sombras de nuestros peluches.


Pero Seño, vámonos ya a dormir...
Transformamos la clase en un camping y a "teselar" el suelo con mantas, sacos y edredones.
- tú a mi lado.
- ven que te tapo
- ¿me ayudas?
- ¿cabemos los dos juntos? y ¿tres?
- toma tu peluche


- ¿se me ve?


Nos metemos en el papel...




- Primero te tapamos a ti 


Están tan contentos que los abrazos salen de dentro.



- Abre la boca que te voy a ver con la linterna.




Mi peluche me sirve de almohada porque está muy blandito.




Nos hacemos los dormidos.




Me gusta estar cerca de mis amigos.



Juntas mejor.


Seño vamos a hacer los Rincones.
En el rincón de la Seño jugamos con las cartas que ha traído Alma. Ella os explica cómo se juega.


En el rincón de las Construcciones, jugar a lo que se os ocurra con los sacos, mantas, cojines y peluches.



Guerra de cojines, disfraces, dormimos juntos, montaña de mantas...


Rincón de cuentos.


Investigamos con las linternas, con una sábana y espejos.


La luz en la parte de atrás del espejo.


La luz detrás de una sábana.


La luz en el espejo me ilumina la cara.



Y ¿qué pasa con dos linternas?





Seguiremos dejando que en nuestras clases pasen cosas, para llenar las escuelas de niños y niñas felices mientras aprenden.

Ese día, no sólo aprendieron los de 4 y 5 años. Mi compañero Fran y yo nos enriquecimos como maestros.